Hay amistades que mejoran con la distancia.

La incomunicación, la falta de noticias, la despreocupación absoluta y la indiferencia más atroz, son sólo síntomas que evidencian un amor sutil y profundo.

Amistades telegráficas que intercalan sus períodos de actividad entre tajantes señales de STOP. Amistades aletargadas, amistades que hibernan duermen y sueñan utopías.

Un acontecimiento inesperado, una casualidad, una efeméride súbitamente recordada bastan para reactivarlas.

El detonante, casi siempre, es un haiku que se presenta de improviso en el teléfono móvil:

Miedo y asco en Vallecas.
¿Hacen 15 o 16 cervezas?

Y ya puede el silencio convertirse en charla; y lo hace.

Pero una charla directa y puntiaguda, que ha de ir al grano para recuperar el tiempo perdido.

- ¿Qué tal?

No hay paciencia para más preámbulos, ni ganas de gastar saludos.

- Bueno, mejorable. Estuve leyendo un libro que me recordó a ti. Y yo me siento como el protagonista: algo aburrido de que no pase nada en mi vida.

- ¿Nada?

- Sí, nada. Pocas emociones verdaderas. Lo de viajar se ha convertido en un coleccionismo de ciudades, Hace tiempo que no me enamoro... No sé, quisiera que... que sucediera algo.

- ¿Qué es algo?

- ¿Cómo que "qué es algo"? No te entiendo.

- Algo, como oposición a nada.

- ¡Ah! Pues no sé... lo que sea. Pero que sea emocionante, auténtico...

- Una catastrofe. Un genocidio. Un embargo. Un castigo divino que inunde tu cama de langostas, un despido... A veces, es mejor que no pase nada, Sade . Créeme.

- Ya bueno... no me entiendes. Te tengo que pasar ese libro para que lo leas. Y ahora...

- ¿Y ahora?

- ¡Ahora vamos a empezar a despachar esas 15 o 16 cervezas, y te voy a presentar a una gorda simpatiquísima!

Si es que así da gusto.