Sucede a menudo que los inocentes y livianos comentarios que salpican las conversaciones acaban por tener más importancia que la charla en sí.

De esto deben saber mucho los dramaturgos que usan (y a veces abusan) de las "acotaciones" y los "apartes" o la legión de cursis irredentos que despachan tópicos como el tan manido dios de las pequeñas cosas.

De modo que esta iglesia tiene, también, sus doctores a los que cedo gustoso la tarea de investigar y teorizar sobre lo divino y lo humano en pequeñas dosis.

Yo me centro en una sola: la inocente y liviana (ingrávida, de hecho) sugerencia que Shenka me regaló el pasado lunes, mientras hablábamos de cualquier otra cosa. Decía así:

"Creo, Dadá, que deberías escribir algún artículo polémico. Algo provocador"

La respuesta, por inmediata fue bastante decepcionante:

"Sí, es posible que tenas razón. Pero es que no me veo escribiendo sobre el olor de mi polla . ¡Qué quieres que te diga!"

Y así es en verdad. Tras varios días rumiando ideas provocadoras, ninguna me satisface.

Podría, por ejemplo, destacarme aquí con alguna perversión de naturaleza erótica.

No sé. ¿Quizá alguna proposición lasciva resultaría provocadora? ¿Algún vídeo del pornotube que mostrase los intríngulis de una reunión de coprófagos? ¿Zoofilos tal vez?

Podeis leer el resto del cómic aquí


No, creo que no funcionaría. El sexo, al fin y al cabo, soporta sobre sí una aureola de misterio y provocación que sería legítima de no ser tan habitual.

Ya ni recuerdo las veces que un presentador televisivo se ha tirado el rollo anunciando que "las imágenes que verán a continuación muestran sexo explícito y quizá dañen la sensibilidad, blá, blá, blá..." De acuerdo majete, y si es así ¿Cómo es que te dejan ponerlas en prime-time día sí, día también?

El sexo, en definitiva, queda descartado como agente provocador por tópico y por poco original.

Y sin sexo a la vista lo siguiente que se me ocurre como excusa para meterle el dedo en el ojo al personal es la religión. ¿Qué religión? Pues la católica, por supuesto.

Esto sí que parece buena idea para ser provocador: erigirme en salvador de la humanidad atacando sin tregua a los malvados jerarcas católicos, auténticos alienadores de las almas que dicen salvaguardar y blá, blá, blá....

El problema ocn la provocación a los católicos es de nuevo el mismo uqe con el sexo: ¡Es tan tópico ser anticlerical que no me apetece nada!

A veces, incluso, son los propios funcionarios de la administración quienes sufragan los gastos de los provocadores anticatólicos . De hecho, creo recordar que el mismísimo presidente del gobierno se declaró "laicista" en una ocasión.

Con los musulmanes tampoco pasa nada ¿no?

Me veo por tanto, obligado a descartar las críticas a la iglesia como argumentos provocadores; porque ¿Qué clase de provocación es esa, que viene avalada por los pilares fundamentales del régimen?

Pues eso, una filfa, un engañabobos. Y yo aspiro a provocador; no a bobo.

Podría también unirme al club de los anti-sistema, y publicar aquí crónicas detalladísimas sobre mis impresiones personales durante la última carga policial en la cruzada anti-globalización. El problema ahora, es que la "antiglobalización" e "internet" no se llevan demasiado bien.

Y me gustaría ser provocador, de verdad que sí Shenka; pero es que es una profesión que exige mucha coherencia.

Pervertido, anticlerical, antisistema... Podría seguir, pero encontraría siempre el mismo obstáculo, son todas actitudes "canónicamente" provocadoras.

Es decir, son sólo tópicos diseñados para provocar sólo a quién le apetece ser provocado. Son sólo ejemplos de lo que hemnos dado en considerar como actos provocadores, casi por decreto. Son provocaciones domesticadas.

Yo, Shenka, puestos a provocar preferiría ser más auténtico; ofender a todos apartándome a un tiempo del camino de losas provocativas que otros han diseñado para este fin.

Lo malo Shenka, es que no dispongo de ironía suficiente como para convertirme, de la noche a la mañana, en un honrado padre de la familia, que vota al centro derecha y folla con su mujer los sábados impares.

Tendrás que perdonarme.