La Coctelera

El rincón Dadá

Cuando se despertó, Dadá, todavía seguía allí.

23 Diciembre 2006

Johnny B. God. Parte cuarta.

Hasta donde alcanzaba su memoria, Ik, no recordaba una multitud semejante. Las normas más elementales de cortesía prohibían tales proximidades.

Por supuesto, el protocolo no carecía de cierto sentido práctico: sin guardar las distancias adecuadas resultaba imposible rodear a los demás... ¿Y cómo reconocer a alguien sin poder girar a su alrededor apreciando su geometría?

En condiciones normales cualquiera hubiese rehusado participar de aquella concentración, pero esta vez era diferente: el dios al que todos habían venido a ver estaba allí; en el centro mismo de aquella sorprendente aglomeración. Y en un mundo plano como el suyo, las únicas cosas que podían ser vistas eran las que estaban en frente, sin molestos perfiles interpuestos.

Era necesario, por tanto, sumergirse en aquel guirigay de presuntos desconocidos. Y había que llegar, además, hasta el final; hasta que entre el supuesto dios y él no hubiese nadie más. Aquella necesidad justificaba por sí sola el largo viaje desde Narade; tenía que adentrarse en el gentío.

Fue Tir quién tomó la iniciativa. La conversación anterior, en la que Ik le había hablado de esa esotérica tercera dimensión había acabado de excitar su imaginación; y a diferencia de su maestro él sí esperaba encontrar a Dios. Un extraño fenómeno físico, una explicación plausible le habrían decepcionado tanto como hubieran complacido a Ik.

Tomó aire y se lanzó violentamente contra la gran masa de polígonos que tenía en frente. Confiado en la fuerza de su impulso inicial Tir desapareció entre los cientos de vértices y segmentos que, como él, pugnaban por llegar hasta el dios.

Ik, por su parte, fue más cauto. Lento y metódico su estrategia se componía de pequeños giros y tímidos avances entre el gentío. A veces se detenía esperando un movimiento casual de quiénes lo rodeaban... lo justo para que un pequeño trecho de espacio quedase libre para poder colarse por él.

Lento pero seguro, nunca daba un paso atrás. Cuanto más avanzaba, más le costaba mantener la calma. La presión de verse completamente rodeado de virtuales desconocidos (quizá alguno fuese Tir, pero ¿cómo saberlo?) y el brutal ruido de sus cánticos y salmos le producía un profundo malestar. Un sentimiento de asfixia y ansiedad que se asemejaba mucho al extásis del que hablaban los sacerdotes.

Por fin, la insoportable presión que la masa ejercía por todas partes se redujo sólo a los empujones que recibía de quiénes estaban detrás.

Frente a él, quedó sólo un espacio vacío; en el que yacía una larguísima línea azul, salpicada de puntos rojos. ¿Era eso lo que habían venido a ver?

No, un momento... ¡Ya no eran rojos si no grises! ¡Y la línea antes larguísima, se volvía cada vez más corta! De hecho, ya ni siquiera era azul, era roja... y los puntos habían desaparecido.

Por un momento le parecía apreciar signos que delataban la convexidad del conjunto que tenía en frente, pero tan sólo un instante después su aspecto era inequívocamente cóncavo.

Además, su longitud había dejado de menguar, y por se mantenía estable. Pero de repente, la asombrosa raya que marcaba el horizonte se partió en dos segmentos que volvieron a juntarse. Permitiendo a Ik divisar, por un momento, a los polígonos que como él observaban el espectáculo desde el otro lado.

Aquello era insólito. El ser que tenía delante mudaba su geometría constantemente, y lo hacía a una increíble velocidad. Parecía reunir en sí mismo todas las características fisiológicas posibles. Era al mismo tiempo todos los seres cóncavos, y todos los convexos. Tenía todos los tamaños posibles. Sus vértices aparecían y desaparecían; y si ahora se multiplicaban... unos segundos después su número se reducía casi a cero. Y los colores que mostraba variaban a lo largo de una gama que parecía no tener fin.

Su dinamismo geométrico hacía imposible reconocerlo por completo. A veces, se podían contar hasta 23 vértices que a Ik le recordaban al perfil de su alumno. Pero en seguida esos mismos 23 vértices se transformaban en 15, y entonces dejaba de ser Tir para parecerse a Ur, el alcalde de Narade. Lo mismo sucedía con su perímetro, su concavidad... Daba la impresión de que todos los conocidos de Ik estaban representados en la forma cambiante de aquel ser, incluido él mismo. Y, sin embargo, los cambios de color no correspondían a ninguno de ellos.

Era un ser vivo, de eso no tenía dudas... Pero un ser imposible y posible al mismo tiempo.

Ik contemplaba sus extrañas evoluciones geométricas sin la más mínima oportunidad de recurrir a su ciencia. Su mente se había silenciado, ocupada por completo de absorber todos los detalles. Por un momento olvidó dónde estaba, y creyó que nada más existía en el universo. Sólo él y aquella metamorfosis constante.

Aturdido y absorto a partes iguales, abrumado por la interminable sucesión de himnos y jaculatorias que se gritaban a su alrededor... la imaginación del gran científico despertó y se apoderó de su mente.

Sintió que su cuerpo se elevaba... y quedó aterrorizado. Pues para un ser plano, la sensación de volumen o ascenso eran inimaginables. Algo que sólo había intuido como resultado de largas operaciones matemáticas, pero esta vez era diferente: realmente las sentía.

Se vio a sí mismo, como un mero dibujo sobre un plano, mientras un abismo de espacio inexplorado se desplegaba en todas direcciones. Sintió que su mente lo transportaba hacia una vasta región desconocida... la misma a la que, hacía sólo unos minutos, había negado su existencia real: la tercera dimensión le ofrecía sus misterios.

El choque con lo fantástico, con lo inimaginable le brindaba una oportunidad única; por primera vez en la historia un representante de su raza estaba consiguiendo dar el gran paso y sobrepasar los límites de su ínfimo mundo bidimensional... Ahora Ik, sentía la tercera dimensión, en lugar de sólo saberla posible.

En sus investigaciónes, había llegado mucho más allá de lo que se había atrevido a confesar a Tir. Había supuesto la existencia de objetos tridimensionales, pero estos eran siempre lisos, regulares, tan perfectos y definidos e inmóviles como lo exigían sus ecuaciones. Pero ahora, frente a la línea que llamaban Dios, se sentía inmerso en un trance tan místico como racional. Y su comprensión del universo rozaba los límites de sus posibilidades.

Comprendió sus errores, ¿Por qué todos aquellos objetos tridimensionales que imaginaba, debían ser perfectos? Ahora que la nueva dimensión era algo más que una hipótesis, todo lo que había supuesto liso y regular le parecían rugosidades y caprichos. Todo lo que había creído abstracciones matemáticas podrían resultar seres tan vivos como él. ¿Por qué no podría haber vida en la tercera dimensión?

Sus matemáticas le habían desvelado muchos secretos. Las extrañas esferas, que daban forma al universo, se veían como circunferencias en su mundo plano. No eran más (así lo decían las ecuaciones) que la intersección de un objeto tridimensional con un plano, su plano. De hecho, según había podido calcular, cualquier esfera que entrase en contacto con un plano dibujaría en él una circunferencia, sin importar cómo se produjera el encuentro.

Lo mismo sucedía con el resto de objetos tridimensionales que había imaginado. Aparecían así líneas, segmentos, puntos y curvas; que desde su limitado punto de vista bidimensional, no eran si no los puntos de contacto entre el objeto de tres dimensiones y el plano en que vivía.

Su teoría, abstracta y esotérica había funcionado bien hasta entonces... pero contenía un error crucial. Un error que la aparición del dios de los páramos le estaba revelando: ¡Si había seres vivos más allá de las dos dimensiones que conocía es seguro que podrían moverse!

Entonces lo comprendió todo. Cuando una esfera, o cualquier otro objeto, chocaba con su mundo él podía apreciarlo porque veía una circunferencia, o cualquier otra impresión. Pero si el objeto estaba vivo no se produciría un choque estático si no que su mundo sería atravesado por esa vida tridimensional, y entonces... Entonces en cada instante del camino, ofrecería un aspecto distinto para un observador que viviese recluido en el plano.

Imaginó de nuevo su esfera (con la que tras innumerables horas de estudio había llegado a resultarle más familiar de lo que sospechaba) ya no era un cuerpo inmóvil si no que se desplazaba por la vasta extensión de la tercera dimensión. Recluido en su mundo de derechas e izquierdas, delantes y detrases; asistía al acontecimiento sin poder observarlo en su totalidad.

Primero, la esfera se acercaba lentamente al plano en el que vivía. Pero él todavía no era capaz de verla. Después, esfera y plano se chocaban casi imperceptiblemente... y antes sus ojos aparecía un diminuto punto. Luego, se penetraban aún más, y empezaba a dibujarse un fino segmento que crecía más y más. Si le daba tiempo a rodearlo, descubriría una circunferencia perfecta, cada vez más grande.

Cuando la esfera hubiera avanzado lo suficiente, el plano la cortaría en dos mitades iguales. Y a partir de ese momento, la circunferencia que Ik podía observar comenzaba a menguar, ahora cada vez más pequeña.

Por fin, cuando la esfera había atravesado completamente su mundo, su rastro bidimensional volvía a ser un punto, justo antes desaparecer completamente, ya no era nada... al menos para él.

En conjunto, observó, habría asistido a un fenómeno espectacular: una circunferencia cuyo tamaño variaba a través del tiempo. Primero creciendo, y más tarde menguando.

Si alguna vez hubiera podido observar tal cosa, habría sido sin duda un suceso espectacular. Ahora, sin embargo, le habría decepcionado pues ante él se alzaba majestuoso un acontecimiento mucho mayor: un ser tridimensional muchísimo más complejo estaba atravesando su mundo.

Los cambios de color, las longitudes que crecían y decrecían, sus instantes de concavidad rectificados por períodos convexos...todas sus sorprendentes variaciones tenían ahora una explicación, clara y lógica: eran sólo las impresiones momentáneas que un ser vivo producía en su mundo plano, al atravesarlo. Un ser vivo de otra dimensión, que debía moverse a gran velocidad, y que seguro, era infinitamente más irregular y complejo que sus queridas esferas.

Pero poco le importaba ya qué forma tuviese, o la naturaleza de su movimiento. El secreto le había sido desvelado, no se trataba de un ser omnipotente, ni de un milágro; asistían sólo a un maravilloso espectáculo procedente de otra dimensión. Un efecto inesperado de un suceso físico, que tenía lugar en un mundo diferente al suyo.

Un mundo geométrico que reclamaba así su existencia más allá de la categoría de "abstracción" o "delirio matemático" que hasta ahora le había otorgado, un mundo que vivía en tres dimensiones y compartía con ellos solamente dos... Pero sobre todo, un mundo que podía ser comprendido desde la ciencia, desde el estudio. Y más importante aún, sin necesidad de recurrir a la superstición, a la magia que todo lo explica.

Ik se sentía vencedor en una guerra que ni siquiera había sido declarada aún. Ahora podía retirarse a ultimar los detalles, aguarles la fiesta a los supersticiosos magos y sacerdotes. Proclamar su victoria al mundo entero.

No podía imaginar cuán dura, rápida e inesperada sería su derrota.

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

dragon

dragon dijo

EL ARTE DE LA VENTAJA
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23 Diciembre 2006 | 10:53

Dadá

Dadá dijo

Mmm... bueno, lo leeré.

Aunque con el título sólo no acabo de ver la relación con mi historia.

23 Diciembre 2006 | 03:32

Egoime

Egoime dijo

Quizá es sólo spam...
PD: voy por la tercera parte. Soy lenta, qué se le va a hacer..
PD2: Feliz navidad!

25 Diciembre 2006 | 04:51

Señor Marqués

Señor Marqués dijo

Te invito a que te pases por este otro blog

http://turnodenoche.wordpress.com

donde nos desahogamos los del gremio ... felices fiestas...

30 Diciembre 2006 | 02:14

Dadaism

Dadaism dijo

Muy buenas! Perdone usted! Pero a pesar del consejo que dejaron en mi Blog no me habia dignado a pasar por aqui! Tiene usted un rincon muy muy interesante.. Pero yo ando un poco liado de todo.. tendré que retomar esto de publicar.. hasta entonces me dedicare a seguirle en silencio! O puede que no..

Abrazos compañero Dadá y gracias por su comentario.

30 Diciembre 2006 | 08:11

Egoime

Egoime dijo

Llevo desde el día 28 con la intención de dejarte este comentario.. pero, entre unas cosas y otras, no he podido hasta hoy:
La verguenza por haber alargado tanto la historia, guárdatela para otra ocasión, por que te ha quedado genial. Cuándo vi la primera parte dudaba que fuera interesante (qué se le va a hacer, estaba claro que iba a estar relacionado con las matemáticas y eso no atrae...), pero resulta que me equivoqué: sí lo es...
Por cierto, feliz año. (atrasado, pero bueno..)

7 Enero 2007 | 09:06

Never

Never dijo

No sé si te lo había dicho antes pero me encanta, en serio. Me gusta tu forma de narrar.
Para cuando otra historia?

14 Enero 2007 | 01:48

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