Y al final... terminó.
Siendo, como soy, un tipo curioso y despistado que pierde aviones y al que todo le sale siempre bien, del revés (lo siento Robe) Tenía alguna esperanza de que al final... hubiese algo diferente de un final.
Pero no, parece que la conversación que mantuve con aquella pequeña y coqueta italiana en el Temple bar está resultando cierta punto por punto; resumida y traducida decía algo así:
- Tengo que ir a verte a Madriz, Dadá. Llevaba mucho tiempo queriendo ir allí... y ahora que conozco a un Madrileño no tengo excusa.
- Oh, encantado nena, cuando vengas a Madriz chulapa mia, te voy a hacer emperatríz de Lavapies Pero tendrás que avisar primero, porque soy un tipo realmente atareado, y me temo que en unos meses lo seré aún más.
- Sí, no te preocupes. Es comprensible, aquí todo es "Dolce fare niente" pero al volver todos regresaremos a nuestra "Real life"
Y en eso estoy, en el jodido regreso a la vida real.
Esa vida en la que no hay tiempo mas que para trabajar y estudiar. Se acabaron, me temo, las conversaciones en inglés en torno a una Guinness (ponga usté aquí la cerveza que más le guste) las noches en el Temple bar o en el MEZZ. No volveré a ver a la hippie que caminaba de espaldas por nuestro barrio de Dublín, a quedarme ojiplático con las zapatillas que gastan las teens dublinesas, zapatillas que les permiten deslizarse (casi flotar) por la calle en lugar de andar como el resto de mortales.
Ni a alucinar con los alemanes que surgen de entre los escombros para descubrirme un magnífico local pseudo-soviético.
Se acabaron la iglesias protestantes en las que poder discutir acaloradamente sobre el machismo de los turcos, o la irresistible tendencia de las amas de casa a poner cuernos a sus maridos.
Ni seré de nuevo la madre de algún alemán. Tampoco necesitaré pedir de nuevo el "café on the rocks" para que los obtusos dublineses entiendan que quiero un café sólo, con hielo.
Y lo peor, lo peor de todo... no he conseguido una puñetera cámara digital para publicar aquí las fotos de mi tour europeo. ¡Es una mierda ser pobre!
Pero al menos, sí que puedo compartir con vosotros mi regalo. Mi regalo para mi mismo, quiero decir. El maravilloso librito de grabados que compré en Dublín, y que llevaba tiempo persiguiendo.
Como siempre (espero) imagenes curiosas, elegantes, y algo matemáticas.
En fin, queridos lectores, Dadá ya está de nuevo en casa. Con mucho trabajo por delante y algunos nuevos amigos.
Será cuestión de seguir el lema (en alemán antes, y ahora en inglés) que da título a este post:
Take it easy, men!
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Tiene razón Anita Bokeron, se me había olvidado decir el nombre del artista. Se llama M.C. Escher y podeis ver más grabados suyos aquí.
Lo siento Mr Escher.


Esos dibujos fantásticos son del artista holandés Maurits Cornelius Escher, de mitad del s. XX. Muestran su capacidad única para visualizar e interpretar el espacio. Estas cosas hay que decirlas, hombre, jeje.
Pues tienes razón, lo que pasa es que me ha costado tanto hacer el visor de las imágenes que me había olvidado de mencionar al autor.
Parece una excusa, pero créeme... yo es que soy así de idiota.
Jajaja, yo es que tampoco voy sobrada de memoria (soy casi como un pez: tres segundos y fuera, jaja), así que don't worry porque entiendo los despistes ;oP
Ya sabes que podemos fanfarronear en ingles todo lo que quieras, depues de 5 ó 6 cervezas mejora mucho mi acento. espero que me cuentes.