A veces cuando uno desea realmente algo, el universo entero conspira en su contra. ¿No se entiende?

Está bien, pondré algún ejemplo sobre cómo la fatalidad ha frustrado algunos de los planes a los que más empeño les puse en la vida. Vean, vean:

Por ejemplo, por más que lo intenté, nunca conseguí montar en una bicicleta tamdem con un amigo.

Aunque siempre me esforcé, mis contrincantes en el juego del tenis siempre me ganaban

¿No habéis llegado nunca sedientos a casa? Para la gente normal esto no es un problema... para mi, una maldición.

He intentado en muchas ocasiones iniciarme en el noble arte de la caza. Pero los resultados nunca acompañan mis espectativas.

¡Ni siquiera tomarme un café puedo!