A veces a uno le asalta la melancolía, y le da por recordar aquellas tardes de videoconsola. Recuerdas el día que te dijeron el truco del Súper Mario, lo que te gustaba hacerle la puñeta a tu hermano en el Ballon Fligth, ¡la Atari del vecino!, las tardes épicas jugando a Doom, aquel partidazo Quatar-China que acabó con un contundente 14-15 en el marcador, la adicción enfermiza que nos provocaban...

(¿qué fue de los fatalities?)

Reconozcámoslo: fuimos injustos con los videojuegos de nuestra niñez.

Mario y Luiggi deambulan por las alcantarillas. Ya nadie juega en los impresionantes estadios del FIFA 94. Los entrañables Lemmings languidecen en su extraño universo...

¿Y todo por qué? ¿cuál fue su pecado? ¿cuál su grave delito? ¿tener sólo 16 bits? ¡no hay justicia en el mundo del videojuego!

O no la había.

Y es que por fin, internet, ha venido a deshacer el entuerto con la aparición de un nuevo tipo de software: el abandonware.

Hay cientos de páginas dedicadas a este software añejo. Muéra la tristeza y la añoranza, ya podemos descargar y disfrutar de nuevo con nuestros amigos de la infancia.

Recuerda: ¡ellos nunca lo harían!