Paso mucho tiempo en soledad, es un hecho.
Y no se trata de una de esas soledades voluntarias. No, más bien son gajes del oficio.
De todas maneras, hacer que hago durante el turno de noche en la conserjería de un hotel poco concurrido (acompañado eso sí por Charlie Parker y algún programa de radio ocasional) no es excusa para desatender las habilidades sociales básicas, como la conversación, ni tampoco olvidar a las amistades. Esta semana, sin ir más lejos, ha sido especialmente fecunda en ambos sentidos.
El martes, por ejemplo, Shenka me ofrecía la primera de una interesante serie de conversaciones imaginarias.
Apareció sin avisar, al borde de la escalera que baja desde la conserjería hasta el salón de comidas. De pie, y con una curiosa expresión facial (que a partir de ahora denominaremos "Cara de Shenka en estado de shock") abrió fuego diciendo:
- ¿Te has enterado? ¡El senado acaba de aprobar la nueva reforma agraria!
- Me dejas estupefacto - Dije yo, en una de las respuestas más sinceras que recuerdo.
-¡Es que es increíble!
- Pero... ¿Qué pasa? ¿Es que no es una buena ley?
- ¡Buena! ¡Es basura! Proteccionismo descarado a las órdenes de la comunidad europea, limitaciones a la producción de excedentes, control de la oferta... ¡Y encima nos va a salir caro! Porque con las subvenciones a los biocombustibles el precio de los piensos empieza a encarecer los costes de la ganadería ¿Sabes a cuánto cotiza el vacuno en la lonja de Valladolid? ¿Lo sabes?
Yo que, lo reconozco, no conocía este profundo interés de Shenka por el agro me limité a sonreir y asentir durante el resto de su intervención parlamentaria. Y poco a poco fui adoptando una expresión facial que los ingleses llaman "Black-out" y que nosotros hemos convenido en llamar "Cara de Shenka en estado de shock" A partir de ahora CSS.
Así transcurrió el martes, hasta que el miércoles siguiente Never apareció en la puerta del hotel, a eso de las cuatro y media de la mañana.
Cuando bajé a recibirla, me saludó de esta guisa:
- ¡Oh! Maese Dadá ¡Cuán afortunado es este encuentro! ¡Y qué gentil por su parte socorrer a esta humilde peregrina, ajada y descompuesta por las innumerables desventuras y complicaciones acontecidas en las nobles carreteras españolas que me han traído hasta su presencia!
Never y yo nos tratamos siempre de usted y nos encanta gastar con alegría grandes cantidades de retórica en nuestras charlas, así que había acudido a su encuentro bien provisto de lápiz y papel para tomar notas.
Tras una breve consulta a mis apuntes, estuve razonablemente seguro de que la respuesta correcta era la siguiente:
- ¡Vive Dios que me siento afortunado al recibir su visita, tan largamente esperada! Mi gozo aumenta más aún si cabe, al entretener mi vista en sus contornos y regocijarme con su geometría, al naufragar gustoso en el océano infinito de sus ojos.
Es pues un extraordinario encuentro, señorita Never . Sobre todo si permitimos que la conciencia nos gobierne durante un instante efímero, y nos recuerde que, en realidad, usted nunca estuvo aquí.
A pesar de tamaños placeres, guardo el temor de no poder servirle de ayuda, a menos que ilustre mi entendimiento con algún vivo detalle que describa la naturaleza de sus dificultades.
Never no necesitó tomar apuntes ni adoptó CSS alguna. Simplemente respondió con rapidez:
- Pues que he pinchao una rueda del carro y no tengo repuesto, tronco.
Y tras este anuncio, le ofrecí una habitación en el hotel para que pudiésemos seguir aliviando cuitas, remedando desventuranzas, y deshaciendo entuertos, sólo un poquito menos retóricos que los que nos habían ocupado hasta el momento. Ya vendría a la mañana siguiente algún avezado mecánico, a reparar la avería ¿no?
Pero no quiero causar una falsa impresión, mis imaginarios amigos no son exclusivamente femeninos.
Nick Furia irrumpe de vez en cuando en la conserjería para iniciar agrias discusiones que empiezan con preguntas como "¿Cuál es tu personaje favorito de los Thundercats?" y que no pienso transcribir.
Y este mismo Jueves, Kosko vino a hacerme compañía mientras veía el último telediario de la noche, el primero de la tarde para mi.
- Oye tío, el Montilla acaba de decir "Charcha" de transports ¿No sería "Xarxa" de transports?
- Sí, pero no se lo tengas en cuenta. Está embarazado, y tiene derecho a sus pequeños antojos y concesiones.
-¿Embarazado?
- Sí, es que esta semana ha hecho una visita institucional a Varsovia. En tren.
-¡A Varsovia en tren! ¡No me extraña que haya vuelto preñado!
- Descarao.
En cualquier caso, la charla imaginaria que más me ha impactado de todas es la que acabo de terminar, de manera fulminante, hace sólo unos minutos con mi hijo Rabindranath.
Como todo buen padre, sólo trataba de aconsejarle para que pudiese dirigir su vida a buen puerto:
- Tú sólo tienes que preocuparte de tres cosas, hijo mío: sacarte una carrera (la que sea, eso da igual) casarte (con quién sea, eso da igual) y comprar un piso a, no menos, de 400 kilómetros de tu puesto de trabajo.
Pero la respuesta, me ha dejado desarmado:
- Ya papá, pero... ¿Cuál es la que más mola hacer de entre todas las cosas de la vida?
¿Qué podía decir? ¿Hubiera debido contarle lo que su madre y yo habíamos estado haciendo sólo unos minutos antes? ¿Recomendarle la lectura de las obras completas de Shenka ?
No, la mejor opción era mantener la boca cerrada.
Que precisamente es lo que pienso hacer ahora: acomodar mi mejor gesto CSS y callarme.