La Coctelera

Categoría: Madriz

Viaje astral (II)

Y siempre empieza igual, con un murmullo confuso e ininteligible.

No sabría decir si se trata de una colada de lava burbujeante, o el chisporroteo ansioso de una lata de cerveza; justo antes de abrirse por completo.

Pero está vivo, muy vivo. Y aumenta su volumen.

Ahora el ruido aúlla, ruge, grita como un recién nacido. El tigre de Leonor quiere salir de su jaula y empezar a morder tibias.

No puedo detenerme ahora, estoy en medio del tráfico. Sigo caminando: catorce, quince...

Llegan las imágenes, los olores.

Grandes edificios neoyorquinos que huelen a higiene industrial y a humo. Un desierto de arena rojiza, que no huele a nada. Una sucesión de selvas húmedas que huelen a todo...

Toca girar a la derecha. Llego tarde y no me puedo detener ni un instante. Sigue caminando, Dadá, sigue caminando: dieciseis, diecisiete, dieciocho...

¡Llena de gente! Tengo la cabeza poblada por aquellos que habitan en las ciudades, las selvas y los desiertos que me ocupan la imaginación.

Millones de personas que gritan o susurran, cada uno en su idioma. Les entiendo a todos, les comprendo a todos... y estoy a punto de perder la cordura a causa de este gigantesco galimatías.

Siento ganas de huir. Se me ocurre que quizá pueda correr más rápido que mi pensamiento como hacen los aviones con la barrera del sonido. Dejar todo este lío atrás.

Pero sólo consigo seguir caminando: diecinueve y ¡Veinte!

Todos callan. Bueno, siguen hablando, pero en silencio y eso me tranquiliza un poco. Las ciudades persisten amalgamadas con el desierto rojo y las junglas asiáticas.

Acaban de aparecer los primeros matices de un salar argentino, y en medio de las torres Petronas crece un iceberg que me promete el ártico.

El mundo se ha desordenado en mi cabeza, un mundo abarrotado de gente que grita sin hacer ruido.

Estoy en todas partes a la vez, y les escucho a todos al mismo tiempo. ¡Seis mil millones de personas discuten sus asuntos en mi oído interno!

Así que ahora puedo elegir...

Viaje astral (I)

No es necesario que, como hoy, la luna sea tan extraña.

Tan irreal, que gasto varios minutos buscando, sin éxito, la luna de verdad, la de toda la vida. Al final, termino por convencerme de que el planeta no tiene hoy su habitual satélite blanco y redondo, si no un gajo de mandarina suspendido sobre el cielo negro de Madrid.

Pero, como digo, esto es innecesario, prescindible, accesorio.

Como lo son las lucecitas moradas que el ayuntamiento ha puesto en la ribera del Manzanares, para darle un aspecto aún más patético.

Tampoco tiene ninguna importancia que mientras cruzo el puente de Segovia camino del trabajo, sobre el río-puticlub y bajo la Luna-mandarina; una chica preocupantemente bajita y dos amigos suyos, de mediana estatura, caminen hacia el lugar en el que me gustaría estar: cualquiera que no sea este.

Ni siquiera la voz susurrante de Leonor Waitling tiene importancia en estos momentos.

Leonor dice que soy un tigre. Uno de esos tigres desafortunados a los que atraparon en un zoo. Un tigre que ya ni siquiera se molesta en pasear en círculos dentro de su jaula; uno de esos tigres que se sabe vigilado, que mira a los turistas que le observan, aprieta los dientes y piensa "En la jungla no habría barrotes ¡Hijos de puta!"

Lo siento Leonor, pero esta noche tú y tus tigres sois prescindibles.

Ninguna de estas cosas tienen importancia, porque lo que me va a suceder dentro de veinte pasos ya me ha ocurrido antes.

Cuando tú no cantabas, cuando la luna era blanca y redonda, cuando aún no conocía a ninguna chica preocupantemente bajita, mucho antes de que el ayuntamiento pensase siquiera en poner lucecitas en el Manzanares.

Antes incluso de que empezase a trabajar en el turno de noche.

Lo que está a punto de pasarme, me ha ocurrido ya cientos de veces.

Julian Beever

Hace mucho mucho tiempo , en un blog muy muy cercano, se expusieron unas pinturas rústicas curiosas y bien ejecutadas.

Ordenadores ficticios, sobre el asfalto.

Mariscos rebeldes, que se comen a nuestros niños.

Bomberos despistados, que caen hacia arriba.

En aquel momento (muy muy lejano) aún no sabía quién era el tipo que dibujaba estas travesuras.

Hoy sin embargo, el pintor ya posee nombre y apellido: Julian Beever .

Incluso fecha y localización: este Jueves , finalizará su próxima obra en la plaza de Manuel Gómez Moreno (Tetuán, Madrid) Esta vez toca anamorfosis .

¡Si tuviera tiempo!

Destino Dublín

Camino por la calle Princesa. Me he dejado un libro de ecuaciones diferenciales en el trabajo, y lo necesitaré esta noche. Así que he sacrificado mi última clase para ir en su busca. De repente, me sobra el tiempo que antes me faltaba.

Me apetece una cerveza, y me apetece aún más que me la sirva la deliciosa camarera caribeña del Dublín.

En la intersección con Fernándo El católico un par de chavales toman la delantera.

Llevan pantalones largos y anchos (que seguramente harán sufrir a sus madres) pelusa más que barba, y el pelo rizado.

El de la izquierda es alto, enorme comparado con su compañero; quién (quizá para compensar) fuma con pasión. Con suerte, entre los dos, suman 25 años.

Pero hablan en buen cheli, y yo, que no tengo nada mejor que hacer, me entretengo escuchándoles:

- ¡Bah tío! De fijo que ganamos el concurso.

Entre calada y calada, responde su amigo:

- ¡Descarao tronco! Somos los mejores raperos de Madriz. ¡Malos malos! Malos como la sarna

- Los más malos, tío. Somos los más malosos.
- ¡Sí es que está hecho tío! ¡Ganamos fijo!
- Mira, sólo tenemos que salir al escenario, y mientras el Sabas les suelta las rimas...
- ¡Joder el Sabas! Rima de puta madre el tío, los va a dejar tiesos...
- ¡Ya te digo! Pues eso, mientras el Sabas les deja locos con las rimas; tu y yo les hacemos "el cinco al cuadrado" y ya lo flotan.
- ¿Y eso?
- Pues eso es que haces así ... (extendiéndo la palma de la mano)... y ya son cinco. Y luego así ... (extendiéndo la otra)... ya son diez. ¡Cinco al cuadrado!
- Ja, ja, ja... ¡Qué bueno tronco! ¿De dónde te has sacado eso?
- Pues del Getting up, tío. Estuve jugando el otro día con la Marta y se me ocurrió.
- ¡Qué cabrón! ¿Te llevaste a la Marta a keli? Tío, me tienes que prestar la play; lo que es ya.
- ¡Bah! Una puta mierda, no te creas.
- Pues te sirivió p´a llevarte a la Marta a kelo ¿no? Si eso no mola ¡Tú dirás!
- Ya pero no quiso enrollarse ni ná. Una puta mierda.
-¿Cómo que no? ¡Venga, no me jodas!
- Lo que oyes, pues no va la tía y me dice: ¡ey tío! ¿Tu tienes el Getting Up, verdad? ¿Me invitas a tu casa a hechar una partida? Y luego ná.
- ¿Cómo que ná?
- Pues eso, que yo me puse tó berraco y le dije que sí, que cuando quisiese... y luego resulta que la muy perra sólo quería jugar al puto juego. Ni enrollarse ni hostias.
- ¡Ja ja ja! Eres un puto pagafantas, tío. Si me llega a pasar eso a mi, le hago un equipo de futbito a la Marta. ¡Pagafantas! ¡Peazo pagafantas!
- ¡A mi no me llames pagafantas que te meto! ¿eh?

En este momento el grandullón armó el puño, como queriéndole abrir la cabeza a su amigo. Pero él (sin duda hombre de recursos) le sacudió un leve puñetazo preventivo en las costillas, que pilló sorprendido a su contrincante.

El intercambio amistoso de hotias, duró todavía un rato, pero cesó con una propuesta del más bajito:

- ¡Ey tío! ¿Llámate al Sabas, no? Que tenemos que juntarnos para ir al concurso.
- ¡Ostia sí! ¡Le llamo!
- Dile que le pasamos a recoger a la puta academia esa ¿vale? Y que "un abrazo" que hoy nos los comemos. ¡Ué!
- ¿Sabas? ¿Sí? ¡Joder puto cabrón! ¡No te oigo una mierda! ¿Sí? Vale... ahora mejor. Oye, que dice el Javi, que eres un hijo de la gran puta y que pasamos a recogerte a la academia para ir a lo del rap...

Siguió un silencio tenso, mientras Sabas contestaba por el móvil, y el Javi y yo esperábamos expectantes la respuesta del Sabas.

- ¡Me cago en tu puta madre Sabas! ¡No nos puedes hacer eso! ¡No jodas tío!

Otro silencio mientras Sabas respondía de nuevo a su amigo. Javi y yo, aún más intrigados que al principio, seguíamos a la espera.

- ¡Ha colgado el muy hijo de puta!
- Pero ¿Qué te ha dicho?
- ¡Que no viene el cabronazo! Que su vieja no le deja, porque el concurso empieza muy tarde...
- ¡Hijo de puta!
- ¡Ya te cuento! ¿Y ahora qué hacemos?
- Pues no sé, tío. Pero ¡Es que eso no se hace, joder! ¡Pues no he tenido yo broncas con mis viejos por quedar con los colegas! ¡Puto cobarde!

Un par de insultos después, yo entré en el Dublín, y ellos siguieron su camino.

La camarera me sonrió al entrar y preguntó "¿qué va a ser señor?" Fue una cerveza, acompañada por un platito de aceitunas verdes.

Ahora, sentado en compañía de mi consumición y su escolta de olivas, mientras miro el tráfico de Princesa a través de las ventanas; se me ocurre, que hay una época en la vida, en la que resulta agradable ser un rapero maloso y pagafantas.

Ayer, al despertar...

Libres de impuestos

Salgo del metro en Opera, para dar a la plaza donde está el teatro real y la estatua de Isabel, la segunda.

Es un sitio que me trae recuerdos y hace solecito, así que me apoyo en la barandilla del metro y me lío un cigarrillo. Es que ahora lío cigarrillos.

Cuando lo consigo, me ha salido perfecto esta vez, levanto la mirada para prenderlo y me fijo en el tipo que está delante de mi.

Es un vendedor ambulante de esos que hay a millares por las calles de Madrid, venden barquillos, gorras, calcetines, bisutería, lucecitas... y cualquier otra cosa que imaginarse pueda. Este se emplea a fondo con un manojo de cinturones en la mano:

¡A un euro! ¡Cinturones! ¡Cinturones a un euro! ¡No se puede más barato señores! ¡A un euro!

Le observo mientras fumo... ¡Qué tipo más extraño! Se ha puesto en la parte en la que da el sol, en lugar de a la sombra que es donde estoy yo.

Hace solecito, como digo, pero cuando yo vendía periódicos en la calle aprendí que cinco horas quieto en un lugar convierten cualquier solecito en un calor abrasador...

De repente se me acerca, y me dice:

- Hey chaval... Ya he visto que lías los pitillos, ¿me podrías hacer uno?

- Mmm... Sí, ¿Por qué no?

- ¡Ah! Golden virginia... esta bueno ese tabaco. ¿Has probado el Amsterdamer?

- Pues no, aún no... pero tendré que hacerlo ¡Todo el mundo me lo aconseja!

- Sí es que tiene saborcillo a vainilla, y así después no vas atufando al personal.

- No sé, tío, de momento me tengo que acostumbrar a este.

- Hace un calor de la hostia, ¿que no?

Asiento y sonrio, diciendo para mis adentros, "Te lo dije" Pero como, en realidad, no se lo dije; me callo y sólo sonrio.

Y por fin, acabo su cigarrillo.

- Aquí tienes tronco, ¿Qué te parece?

- Pues cojonudo, te ha quedado de puta madre. Gracias.

Y dicho esto inicia el camino de vuelta hacia la zona de sol. Pero antes le pregunto:

- ¡Hey men! ¿me dejas ver tus cinturones?

- Sí claro, ¿quieres uno?

- No... no exactamente. A ver, déjame ver...

- Estan buenos ¿eh?

- ¡Joder!

-¿Qué?

- Pues que tienes un cinturón exactamente igual que el que me compré la semana pasada.

- Bueno, tengo más si quieres...

- No qué va, si no es eso. Es que la semana pasada estaba en Dublín, con el botón del pantalón roto... y me tuve que comprar un cinturón ¡Exactamente ese cinturón, tío! ¡Y me clavaron 10 euros por él!

- ¡10 euros! ¡Vaya palo!

- Sí tío, es que es una ciudad muy cara. ¡Cara de cojones!

Se me acerca, y me dice al oído:

- Bueno, también es que estos cinturones son... son libres de impuestos.

Nos miramos y nos hechamos a reir.

Y después me largo, que a fin de cuentas yo tenía que comprar unos libros. Un diccionario de inglés, y un libro de gramática del mismo idioma. Es que tenía el día romántico.

A la vuelta, paso por la misma estación, donde me encuentro al mismo vendedor ambulante... que ya ha empezado a sudar. Le saludo al llegar, y el me hace un gesto con la mano.

Cuando bajo las escaleras para entrar en la estación le escucho cantar al público:

¡A tres euros! ¡Cinturones! ¡Cinturones a tres euros! ¡No se puede más barato señores! ¡A tres euros!

Sonrió, y me sumerjo bajo la ciudad.

Parece que, definitivamente, ya estoy de vuelta.

El rincón Gagá

Los que leais habitualmente este humilde bloj, ya debeis de saber lo mucho que me gustan todas estas iniciativas artístico-gamberras que se ponen en marcha en las ciudades. En concreto en MadriZ.

Y aunque llevaba ya un tiempo sin publicar nada al respecto, esta vez no puedo dejar de lado a los chicos de la RED RETRO, ahora que son tan malos y muchos los critícan.

¿Abrase visto? ¡Confundir de esta manera a los turistas cuando todo el mundo sabe que la ciudad es suya!

Ayer, al despertar...

Este artículo no es un concierto, ni un minuto de
silencio. Ni un discurso. Es lo que pasó aquel 11 de Marzo y sólo eso. Es bueno recordar... y recordar se recuerda recordando.